Domingo 8 de marzo, 19hs

La necesidad humana de contar. ¿Cómo contar algo a los demás?

Cinco años atrás me anoté a un curso de oratoria. Tenía que dar una presentación ante más de 150 personas y no tenía ni idea por dónde empezar. Más bien, creía que sabía, pero descubrí que no.

Lo que voy a contar en esta nota es todo lo que aprendí sobre presentar y comunicar ideas. Tuve la posibilidad de hablar en público más de 25 veces: en eventos, discursos, charlas, paneles, en otras ciudades y en otros países. Aunque ya dejé de hacerlo, no es algo que particularmente me guste o me interese hacer.

Primero voy a contar por dónde arranqué y qué descubrí. Luego, al final, voy a contar qué cosas creo que, de aplicarlas, mejoran mucho la forma de presentar ideas en público.

Me anoté al curso. El profesor nos había mandado un mail que decía que a la primera clase vayamos con un anotador y una lapicera. Esto ya me entusiasmó. De alguna manera, validaba mi leve sospecha de que algunos truquitos escondía este arte de contar y comunicar cosas, que no era algo solo reservado para extrovertidos y carismáticos.

Llegó la primera clase y el profesor, luego de dar una intro muy enérgica y buena onda, hizo una suerte de encuesta y consulta popular sobre por qué nos habíamos anotado.

Uno levantó la mano y dijo que era gerente general de una multinacional y que tenía que informarle a casi 200 personas que iban a perder su trabajo. ¿Cómo comunicarías esa noticia sin que te odien?

Otra levantó la mano y dijo que era profesora y que sus alumnos no le daban bola. ¿Cómo hacer que a un adolescente de trece años le interese leer sobre el primer plan quinquenal de Perón? ¿Y sobre los ríos de Europa? ¿Y las células eucariotas y procariotas?

Pero la razón que convocaba a la mayoría de las personas en ese curso no era ni aprender a comunicar para volverse mejores profesionales, ni para presentarle una idea de negocio a un inversor, ni para presentarse a dar una charla TED.

La mayoría no perseguía un objetivo ni un resultado productivo. Eran personas, ciudadanos comunes y corrientes, que simplemente querían aprender a contar algo a los demás, y hacerlo bien.

Me sorprendió.

Primero, nunca se me había ocurrido que a las personas nos encantaba tanto contar cosas: ideas, sentimientos, situaciones que nos pasaron. Me parecía loco que alguien vaya a un curso para eso.

Segundo, nunca se me había ocurrido que necesitábamos que alguien nos explique cómo hacerlo. ¿No se trata simplemente de… decirlo?

La realidad es que no.

A veces queremos contar una idea que tenemos y no nos sale. O no sabemos ni por dónde empezar. Este proceso no es tanto cómo construir la oratoria o lo que queremos decir, sino descubrir eso que ya sabemos que queremos contar pero no sabemos cómo.

Y, por otro lado, contar cosas construye puentes con los demás. Si no sabemos contar, no sabemos llegar al otro. Dominar este arte es, de alguna manera, encontrar nuevas formas de hacerlo. Y quizás la gente no quiere contar mejor sus ideas, pero sí quiere llegar y conectar con los demás.

Cuando empecé a aprender y poner en práctica esto de presentar en público, empecé a observar más detenidamente las presentaciones que hacían los demás. Y al día de hoy, cuando miro una presentación de alguien, me dan ganas de, al terminar, acercarme y decirle: quizás si hubieras tenido esto en cuenta la charla hubiera estado mil veces mejor.

No a modo de soberbia ni de venir a explicarle nada a nadie. Sino que muchas veces, al exponer, es muy difícil saber qué sintieron los otros, si les gustó o no les gustó, o bien qué cosas se podrían mejorar.

Algunas cosas que 9 de cada 10 veces me dan ganas de decirles para mejorar la presentación u oratoria:

Primero, que no le agradezcan nada a nadie ni digan buenos días. Nunca empezar diciendo "buenos días, ¿cómo están?" o "antes de empezar quiero agradecer a…". A nadie le importa nada de eso. Apenas decís eso, la mitad de la gente ya agarró el celular y abrió Instagram. Y ahí no tenés vuelta. Aprovechá desde el minuto cero tus minutos de fama y decí algo que descoloque a todos.

Segundo, que no se tiren abajo como estrategia para bajar las expectativas. Es muy común decir cosas como "es mi primera vez haciendo esto…", "no se esperen la gran cosa…" o "no tengo tanta experiencia en este tema…". Si decís eso, le estás diciendo a la audiencia que están a punto de perder 40 minutos de su vida.

Tercero, que la gente no se va a acordar de lo que dijiste, sino de cómo los hiciste sentir. Apenas termines, nadie se acuerda ni una sola palabra de lo que dijiste. Solo se van a acordar de si los motivaste, los emocionaste o los aburriste. A nadie le importa lo que dijiste. Todo lo que digas debe buscar generar una emoción en el otro. Conducí tu charla hacia esa emoción, nada más.

Cuarto, que solo hablen de cosas que los atraviesen emocionalmente. Cuando se habla de algo que te atraviesa emocionalmente (sea entusiasmo, miedo, enojo, bronca), eso se transmite. La gente quiere ver presentaciones cargadas de emoción. No hay que inventarla, impostarla ni fabricarla; solo encontrar qué emoción te genera lo que vas a contar y dejarla ser. Si alguna parte de la charla no te atraviesa emocionalmente, siempre es mejor sacarla.

Quinto, que mostrarse genuino, auténtico y vulnerable garpa. Cuando a la audiencia le demostrás que sos vulnerable, que tenés miedos e inseguridades, piensan "este es uno como yo", y eso genera cercanía y empatía. Mostrarse perfecto aleja. Estar en pose también. Se puede dar una buena charla siendo simpático, tímido, extrovertido o introvertido, lindo, feo, enano o alto. Lo importante es mostrarse auténtico y no engañar a la audiencia con algo que no somos.

Sexto, que nunca hablen de temas sino de ideas. Hablar de inteligencia artificial es hablar de un tema, y eso no seduce a nadie. Hablar de cómo la inteligencia artificial va a dejarte sin trabajo es una idea sobre un tema, y eso captura la atención de todos. Siempre cargar al tema de opinión y postura. Las personas seguimos ideas, no temas.

Séptimo, que la humanidad descubrió que contar historias es la mejor manera de captar la atención de las personas. La mejor forma de representar tu charla es como un viaje al que invitás a la audiencia a recorrer.

Las películas son un claro ejemplo de ello. Pero sobre cómo armar historias cargadas de tensión narrativa, que podamos usar para armar presentaciones, hablaré en otra nota.

¡Nos vemos el próximo domingo!